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La ¿regulación? de la bicicleta de montaña en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

La bicicleta tiene en la sierra de Guadarrama y alrededores un espacio idóneo para su desarrollo. A partir de  los años 60 empezó a popularizarse permitiendo descubrir a los madrileños muchos de  los rincones más ocultos de la sierra.

Unas décadas después es innegable que la práctica de los deportes de montaña y las actividades al aire libre están en auge en nuestra sociedad. Así, la bicicleta ha pasado de ser una actividad minoritaria sin un impacto reseñable, a ser una actividad en creciente expansión.

En el caso concreto de la Sierra de Guadarrama esta cuestión se acentúa, al tratarse de un parque periurbano donde los problemas ambientales derivados de la masificación van en aumento, especialmente en zonas como los valles de Abantos, las Dehesas-Fuenfría, y Navalmedio y en proceso de expandirse a la Pedriza y Alto Manzanares, Hueco de San Blas y laderas de la Najarra.

Las afecciones al entorno derivadas de la bicicleta dependen principalmente de cinco factores clave: tipo y pendiente de la vía elegida, condiciones del terreno, comportamiento del ciclista y tipo de conducción. Así, el tránsito en bicicleta por pistas de gran anchura genera un mínimo impacto, mientras que en el extremo opuesto, el descenso por senderos estrechos, a gran velocidad y en grupo podría considerarse una práctica altamente impactante.

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El futuro de la cabra montés en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

El pasado domingo 14 de diciembre por la tarde, horas antes de que el Gobierno madrileño compareciera ante la Comisión de Medio Ambiente de la Asamblea de Madrid para valorar la gestión de la población de la cabra montés en la región, nos sorprendíamos con una noticia en la que se desvelaban los planes para hacer frente a la excesiva población de la especie en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

No hay duda de que la cabra montés se ha convertido en uno de los mayores problemas de gestión del Parque. Como ya habíamos comentado anteriormente, este ungulado está terminando con el regenerado natural de diversas especies botánicas protegidas y haciendo imposible el normal desarrollo y crecimiento futuro de muchos ejemplares jóvenes de especies como el tejo (Taxus baccata) o el acebo (Ilex aquifolium).

Ilustración de Raúl Herrero

Cabra montés. Ilustración de Raúl Herrero

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Reflexiones sobre un pequeño incendio en la Pedriza, o la complicada ecuación de la política del fuego.

Originalmente publicado en el blog de RedMontañas (Ver Original)

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El sábado 19 de julio tuvo lugar un pequeño incendio en la Pedriza del Manzanares, en las laderas occidentales del Alcornocal. El incendio, originado en una parcela urbana, fue sofocado rápidamente gracias al buen hacer de los servicios de extinción y a la cercanía del Embalse de Santillana, pero por desgracia afectó a los alcornoques de esta ladera y especialmente a su regenerado.

En otros tiempos, esta zona hoy llamada el Alcornocal estuvo poblado por bosques de Quercus suber de gran singularidad florística, acompañados de una variopinta representación de árboles y arbustos mediterráneos y atlánticos, desde madroños o labiérnagos hasta acebos, tejos y hasta abedules. Parece que el fin de este bosque estuvo asociado a la construcción de la fábrica de papel de Manzanares el Real.

ALCORNOQUE PRÓXIMO A LA ZONA INCENDIADA. AL FONDO, LAS VIVIENDAS

Alcornoque próximo a la zona incendiada. Al fondo, las viviendas (más imágenes en redmontanas.org)

34 alcornoques sobreviven hoy a cortas y sobrepastoreo en los riscos que les salvaron del descuaje. Y estaban consiguiendo regenerarse al pie de los cantiles, en uno de los pocos lugares de la zona donde numerosos brinzales progresaban a salvo del diente de las cabras montesas escondidos en densos jarales. Sin embargo, parte de ese regenerado ha ardido en este incendio,e incluso algunos alcornoques se quemaron parcialmente. Los grandes árboles rebrotarán posiblemente pues están adaptados al fuego, pero los brinzales se han perdido. Incluso si rebrotan no tendrán futuro, pues al ser eliminadas las jaras, las cabras carearán toda la zona y acabarán con lo que vuelva a surgir.

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El Parque Nacional de Guadarrama, la caza con arco y la cabra montés

La cabra montés (Capra pyrenaica) es un endemismo de la Península Ibérica que vive en hábitats de montaña. Se han descrito cuatro subespecies, de las cuales sólo existen actualmente dos: Capra pyrenaica hispanica que se distribuye principalmente a lo largo de los sistemas montañosos mediterráneos; y Capra pyrenaica victoriae que vive en la Sierra de Gredos y otros enclaves del interior peninsular como Las Batuecas (Salamanca), La Pedriza (Madrid) y Riaño (León).

El Ministerio de Medio Ambiente (MAGRAMA) no incluye a esta especie dentro de su Catalogo de Especies Amenazadas, pero sí aclara que “las poblaciones de cabra no se han gestionado –salvo excepciones- de forma racional, ni desde una perspectiva de conservación ni cinegética”. Añade que habitualmente se ha primado el número de ejemplares frente a su manejo poblacional, lo cual ha desembocado en superpoblaciones desequilibradas, sobreexplotación del hábitat y en ocasiones epidemias descontroladas.

Jaula-Trampa ubicada en el interior del Parque Nacional de Guadarrama

Jaula-Trampa ubicada en el interior del Parque Nacional de Guadarrama

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